viernes, 14 de julio de 2017

El fin de la aventura


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La prisión preventiva dictada a Ollanta Humala y Nadine Heredia, marca el inicio del fin de esta pareja de aventureros. Es una medida grave dictada por el juez luego de evaluar los aportes probatorios del fiscal. En opinión del juez, tales pruebas son suficientes para condenar a la pareja de esposos a una pena superior a los cuatro años, por tanto, en resguardo del debido proceso, cree prudente acceder al requerimiento de prisión preventiva por 18 meses. Esto en virtud de los antecedentes de la pareja, ya que Ollanta anteriormente ha sobornado testigos y Nadine ha tratado reiteradas veces de entorpecer el proceso negando sus agendas y falseando su letra.

Estoy del lado de quienes detestan las prisiones preventivas. Creo que se abusa de esta figura en el Perú, básicamente por presión mediática. Pero también entiendo los fundamentos del fiscal y las razones del juez. No creo que haya sido fácil tomar esa decisión tan impopular. El hecho es que ya está en efecto y tanto Ollanta Humala como Nadine Heredia han sido recluidos. Me parece que tarde o temprano iba a suceder, pues hay montañas de evidencias de sus trapacerías.

Suele suceder que los delitos de alto vuelo son muy difíciles de probar, especialmente en la política, donde las conductas pueden estar reñidas con la moral pero no estar tipificadas como delitos. En el caso de Ollanta y Nadine, tenemos una verdadera organización familiar montada para enriquecerse mediante la política. Se aprovecharon de una democracia débil y boba para crear un seudo partido y embaucar a los incautos con discursos baratos. Es como crear una iglesia y predicar el evangelio para cobrar diezmos. Son diferentes modalidades para enriquecerse, aunque la política no solo puede ser el camino más rápido a una inmensa fortuna. sino a una vida llena de lujos y poder. 

Ollanta y Nadine se asociaron para irrumpir en la escena política de la manera más estrafalaria, en un momento en que la política peruana vivía su peor época. El caos generado por la caída de Fujimori fue la ocasión perfecta para el surgimiento de una serie de mamarrachos salidos de la nada, tratando de subirse al corso de la indignación popular para liderar el odio de las masas. El más oportunista fue Alejandro Toledo, un sujeto histriónico y desgarbado, con poses de prócer incaico. Le resultó fácil llegar al poder, pero no gobernar. Además del descontento popular tuvo que soportar la ridícula asonada de los hermanos Humala tratando de darle un golpe. Ollanta quedó libre y Antauro, preso. Y es allí cuando empieza realmente la carrera meteórica de Ollanta Humala. Además, ya Toledo había probado que en el Perú cualquier idiota podía llegar a presidente aprovechando el descontento popular. Esa ha sido la fórmula del éxito político siempre. Solo hemos pasado de condenar a los "partidos y políticos tradicionales" en abstracto, a condenar al fujimorismo en particular.

Debido a sus desplantes y opiniones desaforadas, Ollanta Humala fue convertido por los medios en una mega estrella de la política. Entonces inició con su esposa la aventura del partido político propio, donde Ollanta asumió el perfil del líder radical antisistema, muy en la onda de moda impuesta por Hugo Chávez. Tanto que este decidió apadrinarlo. Ollanta se convirtió así en el peón que Chávez tenía en el Perú para su gran proyecto continental bolivariano. Eran los años de la bonanza petrolera y de las ambiciones chavistas por dominar la escena política de Latinoamérica y el Caribe con su socialismo del siglo XXI. Ollanta encajó perfectamente en esa maquinaria delirante, y esa fue la razón por la que recibió todo el apoyo venezolano.

El chorro de dinero venezolano y el nuevo estándar de vida enloqueció a los Humala-Heredia. En poco tiempo pasaron a ser el foco de atención de varios trepadores de baja estofa, de esos que andan buscando algún resquicio para ingresar a la política. Ollanta y Nadine se vieron rodeados de adulones y financistas ansiosos por formar parte de su organización. No había nada de ideales ni proyectos patrióticos. Se trataba únicamente de embaucar a la mayor cantidad de idiotas posible, repitiendo las clásicas boberías que les encanta oir, básicamente lucha contra la corrupción, antifujimorismo, justicia social, dignidad, desarrollo y otras tonterías por el estilo.

La fórmula de Ollanta fue un éxito total. Para las elecciones del 2006 aun no tenían inscrito legalmente el partido pero se dieron maña para meterse a un viejo y oxidado vientre de alquiler. El partido UPP creado por Pérez de Cuéllar para competir con Fujimori en 1995 estaba abandonado y vacío pero inscrito en el ONPE. El único que tenía la llave era José Vega, y aprovechó la popularidad de Ollanta para darle vida al partido. Así fue como Ollanta fue candidato presidencial y terminó disputando la segunda vuelta con Alan García. En menos de tres años se había convertido en un fenómeno político sin saber leer ni escribir. 

Las cosas le salieron tan bien a Ollanta que decidió perfeccionar su maquinaria política. La plata le llegaba sola por todos lados. Incluso tenía ya su grupo parlamentario que le entregaba un diezmo. Logró formalizar su propio partido con una estructura básicamente familiar, donde Nadine Heredia y sus parientes jugaban los roles principales. Mientras tanto, el escenario político del continente cambiaba. El chavismo languidecía por la baja del precio del petroleo y la enfermedad de Chávez. Por otro lado, Lula trataba de empoderar su propio imperio arrebatándole a Hugo Chávez la batuta con que dirigía Latinoamérica. Así fue que para las elecciones del 2011 Ollanta dejó de ser un peón de Hugo Chávez y se convirtió en el alfil de Lula sin ningún problema. 

Para Ollanta y Nadine la política era solo negocios. Desde el principio lo vieron así. No tenían ningún plan ideológico ni pretensiones revolucionarias ni objetivos sociales. Todo se resumía a ganar dinero a través del poder y más nada. Por eso nunca les importó con qué clase de personas se aliaban, siempre que les ofrecieran apoyo y dinero. De este modo pasaban de un coche a otro y de un clan a otro, con la facilidad con que se cambiaban de camiseta. En el Perú la izquierda se entusiasmó con Humala y lo convirtió en líder, confiando en que sería el hombre de los cambios históricos esperados por el loquerío de izquierda. Ollanta no tuvo reparos en aceptar ese apoyo y en cacarear las consignas idiotas que les gustaban oír a los delirantes del rojerío.

En las elecciones del 2011 Ollanta Humala disputó la final con Keiko Fujimori desatando las más bajas pasiones de una nueva caterva de enfermos mentales conformados por el antifujimorismo. Con el apoyo inusitado de este nuevo frente irracional encabezado por el rojerío, acompañados además por los fracasados y defenestrados del ayer, como Mario Vargas Llosa y sus amigos del Fredemo, Ollanta acabó ganando las elecciones. Coronó así su meteórica carrera de trepador sin escrúpulos. Pronto sus aliados se darían cuenta que Ollanta no estaba dispuesto a tomarse en serio el rollo de la Gran Transformación ni cosas por el estilo. A decir verdad, ni siquiera había leído el gigantesco mamotreto del plan de gobierno preparado por los rojos, así que los desembarcó en menos de tres meses. 

Durante su gobierno, Ollanta y Nadine darían muestras de que carecían de objetivos políticos. Lo suyo era ostentar el poder, llenarse de lujos y rodearse de tontos útiles para sus fines. Nunca tuvieron escrúpulos para desvincularse de la gente que le resultaba incómoda o inútil. Su partido empezó a desgranarse, sus aliados se separaron y los seguidores se desilusionaron. Al final de su mandato ya no tenían ni partido ni amigos, y no se presentaron a las elecciones del 2016 porque carecían de candidatos y de bases. Peor aun, ya tenían procesos fiscales en su contra. 

Si bien Ollanta y Nadine supieron armar la maquinaria para llegar al poder, ayudados por muchos en ese proyecto político, no fueron capaces de ir más allá de sus ambiciones personales. Una vez en el poder se encandilaron por el brillo del lujo y se dejaron seducir por el poder y la vanidad. Nadine Heredia opacó a su marido en la ostentación del poder y del lujo. Hasta se tomó la libertad de viajar en el avión presidencial. Ambos habían colmado todos sus sueños y pretensiones, y por eso mismo fueron incapaces de atisbar más allá. No sabían que había un más allá. 

Hoy a la parejita Humala-Heredia le toca pagar sus locas aventuras. Lo harán básicamente porque en su desdén se quedaron sin amigos. Al perder su organización partidaria ya ni siquiera tienen forma de capitalizar el poco caudal político que pudieran tener. Carecen de poder y son presa fácil de los enemigos que supieron ganar. No son pocos. Son ellos quienes ahora están delatándolos. De esas manos salieron las agendas de Nadine que acabaron en la justicia. Hoy todos los señalan. 

Una historia con final triste. Muchos están apenados viéndolos entrar a su presidio. Piensan en los hijos de la pareja y hasta condenan el mandato judicial tildándolo de abusivo. Pero la justicia es así de fría y ciega. Lo importante es que nos ilustre como precedente para que nunca más permitamos que una banda de aventureros se tome el país por asalto engatusando a los incautos. Acá hay más culpables que Ollanta y Nadine. También cargan con su culpa quienes los encumbraron, sea por la razón que sea. No valen excusas ahora. Siempre estuvo claro la clase de trepadores que eran.

domingo, 9 de julio de 2017

Otra marcha de infantes infectados


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Una vez más salió este viernes el corso infantil de los nakos. Lo que se puede concluir de esta última manifestación de histeria fascista contra un grupo político y, en particular, contra un ex presidente enfermo y anciano, es que la estupidez y el odio son buenas aliadas de la ignorancia y la juventud. De hecho, la gran mayoría de manifestantes de odio antifujimorista son jóvenes menores de treinta años, lo cual los descalifica para tener una opinión válida sobre los noventa. No tienen la vivencia ni la perspectiva histórica para valorar los hechos. Solo conocen los cuentos, mitos y mentiras que se repiten en medios y redes. La mayoría son solo jóvenes adoctrinados por la izquierda en el antifujimorismo, del mismo modo en que Sendero Luminoso les cuenta sus propios cuentos para reclutarlos a su favor. A eso se dedica la izquierda en las universidades.

Nuevamente se hicieron presentes en la marcha contra Fujimori todas la lacras de izquierda: comunistas, socialistas, ambientalistas, antauristas, sindicalistas, oenegeros, colectores rojos, partiduchos de izquierda, dirigentes políticos, artistas progres, ex terroristas, así como los infaltables familiares de los terroristas cargando las fotos de sus angelitos. Esta vez se sintió la ausencia del hoy ministro de cultura, Salvador del Solar. Tal vez también PPK hubiera querido salir a marchar, como intentó hacerlo en la campaña junto a los nakos. A estas alturas ya cualquier cosa se puede esperar de este presidente y de su gabinete de lujo.

También hemos vuelto a disfrutar el espectáculo patético de las jovencitas de talleres de arte progre, escenificando los mitos rojos sobre el fujimorismo, como el de las esterilizaciones forzadas con sus úteros de cartón. Esta vez ensayaron nueva coreografía con un show barato digno de cómicos ambulantes, en el que las chicas repetían como zombies: "somos las campesinas que no pudiste esterilizar", unas siete veces. De risa. ¿Se lo creerán realmente?

La verdad es que nadie menor de 30 años tiene competencia moral para juzgar los noventa. Carecen de los elementos de juicio. No vivieron lo que era el Perú en los setenta y ochenta. Nunca escucharon detonar un coche bomba, nunca tuvieron que llorar ni velar a un pariente o amigo asesinado por Sendero Luminoso o el MRTA. Nunca tuvieron que hacer horas de cola en el sol o la lluvia para comprar alimentos básicos racionados. Nunca vivieron en la crisis económica, la hiperinflación, la escasez, la miseria, el miedo. Nunca tuvieron que verse obligados a abandonar el país para tener un futuro, porque acá no había ninguna esperanza. Más de la mitad de la generación de los setenta y ochenta tuvo que huir y largarse de este país, abandonando su barrio, sus amigos y sus padres, para forjarse un futuro afuera porque acá solo se esperaba el triunfo de Sendero Luminoso.

Estos jóvenes marchantes de hoy pertenecen a la época del crecimiento económico, de la opulencia de nuestra economía boyante, de la libertad económica y la libre importación, de los supermercados repletos de productos, de los grifos modernos, de las carreteras en buen estado. No saben cómo era la vida antes y cómo se consiguió superar la crisis para entrar en la senda del desarrollo. Ni siquiera saben a quién se lo tienen que agradecer.

Nada de esto conocen los jóvenes imberbes que salen a marchar con sus estúpidos cartelitos contra Fujimori, creyéndose la conciencia moral del país. No son más que una masa de ignorantes adiestrados por el rojerío con cuentos de terror, como los que escriben en cada comentario de las redes: Fujimori ratero, asesino, corrupto, traidor y otras babosadas por el estilo. Miserables que solo viven del insulto y el odio sin tener conocimientos mínimos de la verdad. Idiotas que siguen creyendo las mentiras de las esterilizaciones forzadas, que fueron denunciadas cinco veces por los rojos ante la Fiscalía y que fueron archivas las cinco veces porque no son más que un montón de mentiras. Tontos que siguen repitiendo la estupidez de los US$ 6 mil millones robados por Fujimori o el mitos de las maletas llenas de oro, etc.  

No vale la pena responder una a una las idioteces que cacarean estos ignorantes. Todas son falsas. Hasta el cuento de que renunció por fax es falso. Nunca se han inventado tantas mentiras para engañar a los jóvenes y embarrar a un personaje. Siempre se han tejido mentiras alrededor de Haya, de Belaúnde, y hasta de PPK se dicen cuentos. Pero con Fujimori ya llegaron al nivel del delirio y la estupidez. 

Lo importante es que estas marchitas de zombies anda cada vez más desprestigiada. Cada vez son menos. Su patético espectáculo causa más hilaridad que entusiasmo. Los videos que graban las supuestas líderes de opinión solo provocan risas, cuando no pena o lástima. Se trata de la escoria que toda sociedad tiene que soportar. Solo que acá tienen mucha prensa y hacen mucho ruido. Son una minoría bulliciosa y alharacosa, pero no son ni de lejos las élites pensantes. Son solo masas de borregos amaestrados en el odio y repitiendo consignas.

sábado, 8 de julio de 2017

La real Contraloría que necesitamos


Por: Álvaro Israel Pinto Cárdenas
        Centro de Estudios Liberales

Este martes pasado, se publicó la Resolución Legislativa del Congreso por la que se remueve a Edgar Alarcón del cargo de Contralor, y se declara la vacancia del puesto. Ante esta situación algunas preguntas comunes son: ¿quién será el próximo Contralor? ¿qué cualidades debe tener el sucesor? ¿será mejor, o peor que el anterior? Sin embargo, también hay preguntas un poco más profundas como: ¿quién controla al Contralor?, ¿qué hacemos con la Contraloría? ó, ¿necesitamos una Contraloría?

Se dice, “Una cosa son las instituciones, y otra, las personas que ocupan cargos en ellas”. Pero, la Contraloría no es una institución, sino más bien, una agencia impuesta por la Ley. Las verdaderas instituciones son creaciones espontáneas fruto de las interacciones humanas, en las que no se puede identificar a un único creador. Son prácticas, son hábitos que perduran debido a su utilidad para lograr los objetivos que los individuos se plantean en su vida.  Así, el control del poder político SI podría considerarse como institución, pues canaliza la desconfianza de que sean otros quienes usen dinero nuestro dinero, y no, nosotros. Además, nadie puede arrogarse propiedad sobre esta práctica como para evitar que otro también la use. Prueba de ello, es la variedad de destapes de corrupción difundidos por los medios de comunicación que nos permite tener idea de la magnitud del problema.

Pero la Contraloría monopoliza el control gracias a competencias en la Constitución y en la ley. Y es que, no debiéramos conformarnos con tener UNA sola Contraloría estatal; sino tantas como sean necesarias, pero privadas. Después de todo, no hay razón para que cualquier individuo, o grupo de ellos, no pueda acceder a la información del uso del dinero del Contribuyente -mal llamado recurso público o del Estado- ya sea para adquirir bienes, servicios, o para realizar obras.

Con Contralorías Privadas -es decir, sin una Contraloría General Estatal que monopolice la función de control- tendríamos la posibilidad de tener mecanismos de control realmente INDEPENDIENTES y AUTÓNOMOS; y no como ahora que tenemos una agencia única, eminentemente política y totalmente permeable a la corrupción; pues depende del Estado para funcionar. Estos Emprendimientos Privados de Control, podrían ser asociaciones lucrativas, o no; pero totalmente financiadas de manera voluntaria por los ciudadanos que valoramos el control político. Así, aparecería -realmente- el sentido de responsabilidad ausente en las agencias estatales.

martes, 4 de julio de 2017

Otro diálogo forzado Keiko-PPK


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

En los últimos tiempos el diálogo se ha convertido en sinónimo de circo y mecedora. Se convoca con bombos y platillos cada vez que el ambiente está crispado. El show normalmente se lleva a cabo en palacio de gobierno y solo sirve para la pose y las fotos. Los contrincantes políticos guardan temporalmente sus lanzas para mostrar su mejor sonrisa a la prensa. La escena se repitió varias veces en el gobierno pasado, caracterizado por su confrontación con el Apra y el fujimorismo. De todos esos circos de diálogo solo salieron buenas fotos y nada más, pues Ollanta y Nadine seguían en lo suyo y nunca se guardaron un adjetivo para el oponente.

En el actual gobierno la cosa no es muy diferente. PPK es un gobernante autista y apocado que se subió al corso antifujimorista y descendió a las cloacas de los nakos a comprar los pocos votos que necesitaba para ganarle a Keiko. Pero el mismo PPK no dejó de insultar a Keiko de las peores formas, llamándola incluso ladrona. Además hubo personajes que no ahorraron insultos como la vicepresidenta Mercédez Araoz. No había necesidad de llegar tan bajo y copiar el muladar que fue la campaña del 2011 gracias a la jauría descerebrada del antifujimorismo progre, y menos aun sabiendo que el fujimorismo ya tenía la mayoría absoluta del Congreso. Desde allí ya era visible la falta de criterio político de PPK. No es raro pues notar que el circo del diálogo se usa más en gobiernos débiles y confrontacionales que no usan el diálogo como herramienta política sino como pose y salvavidas.

Todos estos antecedentes de campaña hacían imposible un acercamiento natural entre gobierno y fujimorismo. Por su parte, el antifujimorismo, con su natural estupidez, criticó a Keiko por no correr a estrechar la mano de PPK después del flash electoral, y por no entregarse en cuerpo y alma a apoyarlo. La llamaron desde resentida hasta antipatriota. Pero qué más cabe esperar de la pobreza mental del antifujimorismo, si viven culpando al fujimorismo por todo.

Era al presidente a quien le correspondía disculparse luego de la campaña para iniciar un gobierno de unidad nacional, de ancha base, empleando el diálogo como instrumento permanente de la política en aras del consenso y buscando la gobernabilidad a través de pactos. ¿Qué hizo este gobierno? Nada. Peor aun, se puso a retar a la oposición copiando el estilo de Ollanta Humala. Mantuvo a la plaga de caviares y nakos en sus puestos, nombró como ministros a progres antifujimoristas declarados como del Solar y camuflados como Marisol Pérez Tello, se puso a jugar con el indulto de Alberto Fujimori, etc. Con esa estrategia de confrontación abierta contra la mayoría parlamentaria es imposible que tenga un buen gobierno, más aun cuando carece de partido y de bases. 

En lo que va del año, este gobierno ha demostrado estar pasmado en todo aspecto. Los problemas lo están rebasando. La economía está detenida y el desempleo empeora. Se han metido solos en líos por tratar de sacar adelante megaproyectos cuestionados. Han perdido medio año entrampados solo en lo de Chinchero, mientras otros proyectos siguen trabados. La mejor excusa del gobierno y sus ayayeros ha sido culpar al fujimorismo y al contralor. Han tenido el cuajo de llamar "oposición obstruccionista" a la mayoría del Congreso. 

Pero hoy se le acabaron esos cuentos al gobierno y sus ayayeros, porque ha sido el fujimorismo el que mandó a su casa al contralor, y ha sido Keiko la que ha invitado al autista de PPK a dialogar. Ya más no se le puede ayudar a este gobierno desconcertado. ¿Qué más quieren?

Si bien el gesto de Keiko es importante para mostrarle a todo el mundo que no existe ningún revanchismo ni afán de obstruir al gobierno, difícilmente podemos esperar algo de este diálogo. En primer lugar porque PPK sigue siendo un rehén de la caviarada antifujimorista. En segundo lugar, porque sabe que no tiene fuerza real para negociar. Keiko es la lideresa de un partido popular que tiene bases y convocatoria, mientras que PPK es un bluf, carece de partido y por ahora solo es líder de los nakos. PPK es el dueño de la pelota pero no va a querer compartir el juego con FP porque se le irían encima los desquiciados del antifujimorismo que tiene como únicos aliados. Así no cabe esperar nada de este diálogo, salvo buenas fotos para la historia. Lo que no acabo de entender es para qué metió Keiko a Luis Bedoya Reyes en el asunto.

Lo más probable es que después del encuentro PPK-Keiko siga la próxima función de este circo del diálogo con el club de fantasmas del Acuerdo Nacional. Una reminiscencia de los desesperados diálogos emprendidos por Alejandro Toledo para salvar su pellejo. Ya es hora de que sepulten ese falso y patético "Acuerdo Nacional" que solo ha servido para montar el circo del diálogo desde los nefastos días de Toledo. El único lugar para acuerdos nacionales es el Congreso, y el diálogo es una práctica política permanente, no una función de circo. 

sábado, 1 de julio de 2017

Pobrezas y miserias del antifujimorismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

Los autoproclamados “defensores de la moral” y “luchadores anticorrupción”, pero que solo se dedican a combatir al fujimorismo, haciéndose de la vista gorda ante los corruptos y sospechosos de genocidio de los últimos tiempos, suelen decir que el fujimorismo envileció la política. La política siempre ha sido sucia porque el poder seduce primero a los seres más nefastos. Lo malo es que la gente vote por ellos y solo por odio. El principal instigador del odio político siempre ha sido la izquierda. Ellos votaron por Fujimori solo por odio a Vargas Llosa. Siempre votan por odio. Lo que envilece la política es el odio, junto a las mentiras que se usan para alimentarlo todos los días. Y todo eso es y siempre ha sido la especialidad de la izquierda.

El antifujimorismo ha terminado envileciendo no sólo la política sino incluso a la sociedad, y básicamente ha envenenado a los jóvenes. Lo que vemos en estos días, luego del anuncio de un posible indulto a Fujimori, es francamente denigrante y desolador. Uno termina asqueado de leer tanta miseria desatada en las redes. Y no son trolls anónimos, sino personajes célebres de medios quienes, cual pabellón de enfermos mentales de odio, salieron a proferir los más abyectos y ruines tuits contra Alberto Fujimori. Nunca había visto tanto odio enfermizo desatado en las redes desde la campaña electoral. 

Me cuentan que una ONG caviar reclutó a este grupo selecto de “comunicadores” para emprender una asquerosa campaña de demolición a Alberto Fujimori en las redes para impedir el indulto, utilizando los mismos mensajes generados por algún troll center. Un genio progre decidió aprovechar la indignación popular por el terrible incendio en Las Malvinas, y no tuvo reparo moral alguno en repartir el libreto de que Fujimori era responsable de la informalidad en el Perú. El mensaje ruin fue cacareado sin decoro por este cuartel de miserables, a cambio de unos cuantos dólares.

Es fácil engañar a la gente, especialmente a los jóvenes, porque la ignorancia cunde en estos tiempos. Pero lo peor es que nadie los encara. Ni siquiera el fujimorismo, que nunca hizo nada por desmentir la leyenda negra que la izquierda montó alrededor de los noventa. Nunca se dignaron examinar el trabajo ni el informe de la CVR. Peor aún, Keiko Fujimori inclinó la cabeza ante esa felonía intelectual que insulta a su padre desde la primera página, solo por cálculo político. Un error garrafal porque nada de lo que haga doblegará el corazón infectado de la caviarada.

Con las manos libres, la izquierda se ha dedicado en los últimos años a satanizar los noventa, al punto que para muchos ya es la peor década de la historia; y Alberto Fujimori, el personaje más siniestro. A partir de ese relato perverso y falaz, es muy fácil incentivar el odio, que siempre ha sido el principal combustible político de la izquierda. De eso vive la izquierda.

Entiendo perfectamente que la izquierda odie a Fujimori porque derrotó a sus cuadros terroristas y desmontó el esquema socialista implantado por Velasco. Pero me extraña ver a tantos jóvenes engañados y otros mayorcitos que parecen haber olvidado lo que era el Perú en 1990. Sé que muchos vivían en el extranjero disfrutando de holguras y nunca escucharon un coche bomba ni sintieron miedo de salir de sus casas. Sería bueno recordar algo de principios de los 90 grosso modo.

Para empezar, el Perú no tenía un sol en sus arcas. El Estado no podía pagar ni su planilla, y hasta llegó a pagar con cheques sin fondo. La deuda externa era de unos US$ 25,000 millones y no se pagaba. Éramos morosos y estábamos en la lista negra de todos los bancos. Nadie nos prestaba plata. No había inversiones ni  recaudación fiscal. Las cuantiosas y gigantescas empresas públicas no aportaban nada. Peor aún, acumularon pérdidas por US$ 20,000 millones, una cifra similar a la destrucción causada por las hordas de la izquierda terrorista. Los billetes valían menos cada día por la hiperinflación. Cada mes se necesitaba más billetes y el Estado no tenía plata para importarlos. El BCR tuvo que sacar en circulación unos horrorosos cheques de gerencia. Se cobraba semanal para no perder liquidez. Era imposible hacer un presupuesto y las cifras no cabían en las pantallas. No se podía transitar por el país porque las carreteras estaban destruidas por falta de mantenimiento. Los sindicatos comunistas paralizaban todo a cada rato. Dos tercios del país estaba en manos del terrorismo y Sendero Luminoso se paseaba por Lima detonando coches bomba y asesinando dirigentes. Podemos seguir el recuento tenebroso de lo que vivimos pero faltaría mucho espacio. Basta decir que esa fue la herencia que dejó Alan García, quien coronó con creces el desastre legado por Velasco. A principios de los 90 la gente ya no tenía esperanza, vivía con miedo y solo pensaba en salir del país. Mucha gente ya se había ido.

Para rescatar al país del desastre fue indispensable deshacerse de las quebradas empresas públicas que nos arrastraban al hoyo presupuestal, hundiéndonos más cada año. Con ellas desaparecieron los sindicatos comunistas, que solo eran una plaga de parásitos mafiosos que vivían con gollerías y chantajeaban al Estado y al país con sus huelgas. También fue necesario eliminar a una buena cantidad de burócratas que habían infestado el aparato público, especialmente durante el gobierno aprista. No cabía ni un alfiler en las oficinas públicas. Se hizo un plan de racionalización incentivando renuncias con suculentos beneficios. Las empresas públicas fueron rematadas al mejor postor y en algunos casos se logró cifras inesperadas, como la que pagó Telefónica por la CPT, con más de  US$ 2,000 millones, cuando el segundo postor solo ofrecía US$ 450. No fue como dice el farsante de César Hildebrandt, un regalo a Telefónica. En realidad se pagó muchísimo más de lo que valía la obsoleta CPT-Entel. 

La recuperación del Perú requirió varias medidas drásticas y dolorosas. Nada es gratis en la vida. El país necesitaba una cirugía al corazón a pecho abierto. Pero finalmente se logró salir del hoyo y eso es lo que importa. Lo demás es charlatanería barata y miseria progre. ¿Que hubo corrupción y excesos? Claro que los hubo. Siempre los hay. ¿En qué régimen no los hubo? Pero eso ya fue juzgado y los culpables están pagando cárcel. Ese no es el punto ahora ni es lo más relevante para discutir. 

Lo que no debemos olvidar jamás, como peruanos decentes, es que la recuperación del país se la debemos a Alberto Fujimori. Gracias a él este país sobrevivió y se puso en las sendas del desarrollo. Si eso no sabemos reconocer eso y nos dejamos llevar por la lacra social de izquierda que vive insultándolo y difamándolo hasta por cosas que no hizo, seríamos una sociedad ruin que no merece el futuro por el que se trabajó y sufrió tanto. Parece que muchos anhelan volver a la miseria de los ochenta. Tal vez se lo merecen. Este país da tanta pena a veces. No dejemos que estos miserables nos roben la esperanza de ser un país exitoso. No volveremos a la miseria de ser un país socialista.