sábado, 8 de julio de 2017

La real Contraloría que necesitamos


Por: Álvaro Israel Pinto Cárdenas
        Centro de Estudios Liberales

Este martes pasado, se publicó la Resolución Legislativa del Congreso por la que se remueve a Edgar Alarcón del cargo de Contralor, y se declara la vacancia del puesto. Ante esta situación algunas preguntas comunes son: ¿quién será el próximo Contralor? ¿qué cualidades debe tener el sucesor? ¿será mejor, o peor que el anterior? Sin embargo, también hay preguntas un poco más profundas como: ¿quién controla al Contralor?, ¿qué hacemos con la Contraloría? ó, ¿necesitamos una Contraloría?

Se dice, “Una cosa son las instituciones, y otra, las personas que ocupan cargos en ellas”. Pero, la Contraloría no es una institución, sino más bien, una agencia impuesta por la Ley. Las verdaderas instituciones son creaciones espontáneas fruto de las interacciones humanas, en las que no se puede identificar a un único creador. Son prácticas, son hábitos que perduran debido a su utilidad para lograr los objetivos que los individuos se plantean en su vida.  Así, el control del poder político SI podría considerarse como institución, pues canaliza la desconfianza de que sean otros quienes usen dinero nuestro dinero, y no, nosotros. Además, nadie puede arrogarse propiedad sobre esta práctica como para evitar que otro también la use. Prueba de ello, es la variedad de destapes de corrupción difundidos por los medios de comunicación que nos permite tener idea de la magnitud del problema.

Pero la Contraloría monopoliza el control gracias a competencias en la Constitución y en la ley. Y es que, no debiéramos conformarnos con tener UNA sola Contraloría estatal; sino tantas como sean necesarias, pero privadas. Después de todo, no hay razón para que cualquier individuo, o grupo de ellos, no pueda acceder a la información del uso del dinero del Contribuyente -mal llamado recurso público o del Estado- ya sea para adquirir bienes, servicios, o para realizar obras.

Con Contralorías Privadas -es decir, sin una Contraloría General Estatal que monopolice la función de control- tendríamos la posibilidad de tener mecanismos de control realmente INDEPENDIENTES y AUTÓNOMOS; y no como ahora que tenemos una agencia única, eminentemente política y totalmente permeable a la corrupción; pues depende del Estado para funcionar. Estos Emprendimientos Privados de Control, podrían ser asociaciones lucrativas, o no; pero totalmente financiadas de manera voluntaria por los ciudadanos que valoramos el control político. Así, aparecería -realmente- el sentido de responsabilidad ausente en las agencias estatales.