jueves, 10 de agosto de 2017

El desplome de un mito izquierdista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Esta semana se ha alborotado el gallinero de las izquierdas. Rojos, progres, caviares, hueveras y weberos del progresismo han perdido el sueño y el apetito tras la publicación del libro de María Cecilia Villegas "La verdad de una mentira", basada en una prolija investigación académica sobre las políticas públicas de los noventa, que tira una vez más a la basura, por si hiciera falta, el gran mito de las "300 mil esterilizaciones forzadas" realizadas en el gobierno de Fujimori.

En realidad no haría falta un libro tan bien documentado para rebatir una estupidez de ese tamaño, apto solo para idiotas y perturbados mentales del antifujimorismo. Cualquier persona con dos dedos de frente tendría que darse cuenta de la tamaña estupidez que encierra ese mito de las "300 mil esterilizaciones forzadas". Hay mentiras que solo son aptas para idiotas, y esta es una de ellas. Pero así son los mitos: cuanto más absurdos, mejor. Y así de idiotas son los antifujimoristas. En especial esa plaga de pulpines tontos de las ligas infantiles del progresismo.

Por algo el Ministerio Público tiró a la basura la denuncia presentada por colectivos progresistas en relación a este mito absurdo. Y no lo hizo una vez sino cinco, porque los perturbados mentales de la izquierda resucitaban el refrito en cada campaña, como si fuera un circo de fiestas patrias, y el show incluía la famosa denuncia ante la fiscalía, con marchita y todo. No hay pues fundamento real para sustentar denuncia alguna porque todo es una falsedad, un cuento infantil de terror antifujimorista.

Ha resultado gracioso ver la reacción del progresismo ante el libro. Desde luego ni siquiera lo han leído. Es como un libro maldito para ellos. No quieren leerlo. Prefieren condenarlo y quemarlo. No les importa la verdad. Temen que su mito reviente como una pompa de jabón. Lo único que les interesa es mantener viva su ilusión en el mito. Por eso atacaron el libro desde el primer día y le armaron el clásico bullying progre a la autora, usando todas las redes incluyendo un HT de lo más ridículo: #LaVerdadEsUnaSola El problema es que esos tontos ignoran la verdad. Siempre han vivido de mitos. 

Lo penoso del asunto no es ver a toda esa lacra social del progresismo webero infantil que se pasa la vida en las redes fregando con el asunto, sino incluso a destacados personajes de los medios y hasta de la academia, empeñados en desprestigiar a la autora y menospreciar su trabajo. Han tenido incluso el cuajo de admitir con orgullo que no han leído el libro ni necesitan leerlo. En resumen, toda la inmundicia de la izquierda de todos los colores y clases sociales ha dado pena esta semana.

No me voy a ocupar del contenido del libro porque ya se ha comentado bastante. El tema de fondo son las políticas públicas de población ejecutadas en los noventa, en coordinación y bajo supervisión de organismos internacionales. Toda la onda a favor de la mujer empezó en los noventa, así como la onda gay está en pleno furor en estos tiempos. Las políticas a favor de la mujer empezaron en los noventa y su primer paso fue crear el famoso Ministerio de la Mujer. Dentro de esa política se diseñó una política pública destinada a mejorar las condiciones de vida de las mujeres, y en especial de las más pobres, permitiéndoles decidir sobre su sexualidad y función reproductiva con toda clase de elementos y recursos. Los protocolos y manuales de esa política son públicos. 

Pero todo eso lo sabe bien la izquierda porque ellos estuvieron a favor de estas políticas, en especial las ONGs feministas, como no podía ser de otra forma. Lo que pasa es que tras la caída de Fujimori y la aparición del virus mental del antifujimorismo, prefirieron montar el mito ridículo de que hubo una tenebrosa política de exterminio de pobres mediante esterilizaciones forzadas. Ayudaron bastante los ministros de salud de Alejandro Toledo, extraídos de la más rancia cucufatería religiosa como Carbone y Solari, quienes eliminaron el programa y siempre se han negado a implementar políticas públicas de control de la natalidad. Todos ellos alimentaron el mito de las esterilizaciones forzadas y una supuesta política de exterminio de pobres. Semejante estupidez fue rápidamente acogida por la plaga de dementes de la izquierda odiadora del régimen fujimorista. En el colmo del cinismo, las mismas ONGs feministas formaron parte de la farsa. 

Pero lo bueno es que la patraña se cayó por completo. Ya debería haberse caído hace tiempo tras las publicaciones de diversos estudios, como la de la Defensoría del Pueblo, que no encontró ni 80 casos mal fundamentados. O por el archivamiento de las denuncias en la fiscalía. Por todos lados era evidente que detrás de esa campaña de la izquierda delirante había una patraña. Con el libro de María Cecilia Villegas parece que al fin se cierra el círculo y podemos arrojar al tacho de la basura ese mito idiota que tantas veces ha cacareado la izquierda en las calles. No solo han quedado en ridículo sino que deberían a salir a pedir disculpas si tienen algo de decencia. Pero eso no sucederá. No solo porque decencia es algo que no conoce la izquierda, sino porque jamás han pedido perdón por todas sus fechorías, violencia y terrorismo.