lunes, 7 de agosto de 2017

Lecciones de Ollanta y Nadine


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Ollanta Humala y Nadine Heredia esperan su juicio en la cárcel. Un juicio en donde seguramente serán condenados por algún delito. No importa cuál sea el delito que el fiscal haya logrado imputarles al fin. Lo cierto es que merecen la cárcel por utilizar la política para engañar al pueblo y enriquecerse. Ese es exactamente el delito que han cometido, aunque no figure así en el Código Penal. Es un delito complejo y muy bien enmascarado, pero que ya dejó de ser un caso aislado, puesto que Alejandro Toledo y Eliane Karp, otra pareja de felones trepadores de la misma calaña, esperan igual tratamiento judicial. De manera que es preciso reflexionar en estos casos y tomar algunas medidas para evitar que otros trepadores sigan aprovechándose de una democracia débil y de una justicia llena de agujeros.

Cada vez que ocurren hechos escandalosos que afectan la sensibilidad popular, saltan los políticos a proponer nuevas penas o mayores sanciones. ¿Por qué no ocurre lo mismo luego de comprobar el gran timo colectivo protagonizado por Alejandro Toledo y Ollanta Humala? Se trata claramente de personajes inescrupulosos que se disfrazaron de políticos para llegar al poder con el exclusivo propósito de enriquecerse. Ambos asumieron posturas y discursos ajustados al sentir popular para asegurarse los votos necesarios. Supieron aprovechar la coyuntura política y se colocaron la vincha del antifujimorismo y la camiseta de la honestidad para atraer incautos. Sus partidos eran en realidad un club de trepadores que acabó convertido en organización ilícita para delinquir.

¿Por qué los políticos no están promoviendo nuevas leyes que impidan estos hechos? ¿Por qué no hay nadie proponiendo penas y castigos a esta clase de delitos contra la fe pública? ¿No es sospechoso que nada de esto ocurra y que nadie diga nada? Se habla de reforma electoral porque siempre se está hablando de reforma electoral, pero hasta la fecha no hay medidas concretas destinadas a frenar a esta clase de saltimbanquis y trepadores de la política que aparecen en cada elección. ¿No es raro?

Es hora de hacer reformas que impidan la aparición de estos improvisados salidos de la nada, que se trepan a un estrado y convencen a la gente con los típicos discursos baratos de la lucha contra la corrupción y el antifujimorismo, ofreciendo el oro y el moro como si la plata del Estado fuera suya. Para esto no se necesita ninguna ley de partidos políticos. Basta la ley electoral. 

En primer lugar habría que poner condiciones mínimas para presentarse a las elecciones generales. No se puede permitir que de la noche a la mañana armen una combi electoral o un club de amigos para postular un candidato a la presidencia. Eso no es serio. Si quieren fortalecer partidos no hace falta ninguna ley de partidos sino exigir requisitos para postular candidatos a la presidencia, como por ejemplo, que el partido tenga una antigüedad mayor de diez años y haya participado en elecciones regionales y municipales. De este modo se pone freno a la formación de partiduchos de última hora que solo tienen como fin asaltar el poder aprovechando una coyuntura.

Desde luego que habría que cerrarle el padrón a cualquier partido que no reciba una votación superior al 5% del padrón electoral o al que no participa en elecciones, ya que no tiene sentido ser un partido político y no participar en elecciones. Eso solo demuestra falta de organización y cuadros. Tampoco se puede permitir que un partido ponga como candidato a cualquier personaje del entorno. Todo candidato debe emerger de una votación interna del partido y tener una antigüedad mínima de tres años como miembro del partido. No hay otra manera de evitar a los trepadores.

Con estas reglas elementales nos hubiéramos evitado el camión de basura que fue el nacionalismo en las elecciones del 2006 y la candidatura presidencial de Ollanta Humala en el 2011. También se hubiera evitado la aparición de Alejandro Toledo montado sobre un club de amigos en el 2001. Se habla mucho de fortalecer las instituciones pero nadie quiere imponer condiciones mínimas a los políticos y a los partidos. Mientras no se tomen medidas básicas para detener a los asaltantes del poder, seguiremos viendo la aparición de toledos y ollantas.