miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuentos caviares


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez


Si hay algo que saben hacer bien los caviares es meter floro. Son capos en palabrería cursi con alardes de ciencia aunque no pasen de la mera sensiblería disfrazada de ética. Su argumentación alcanzan niveles de realismo mágico donde entes abstractos como "pueblo" y "Estado" adquieren vida propia y personalidad, viviendo y sufriendo como seres reales que padecen heridas abiertas y necesitan procesos de sanación y reconciliación. La narrativa caviar adopta perfiles de telenovela rosa mezclada con drama hindú, condimentada con efectos de prensa sensacionalista y telenoticiero matinal, incluyendo los infaltables reportajes en vivo y en directo desde la casa de los padres de la víctima acuchillada y descuartizada que claman justicia. El estilo caviar de producción histórica y sociológica sigue exactamente el mismo estilo y las mismas lineas maestras de la martirología social televisiva, pero reformulado como investigación y descubrimiento científico, luego mostrado como necesidad histórica en medio de un activismo ético. El discurso caviar es el de vendedor de sebo de culebra que nos garantiza sanación y cura efectiva con solo comprar el producto, creer en él y seguir su ritual de reparación. No solo sana sino que nos "vivifica" y eleva moralmente.

Luego de haber leído casi dos docenas de artículos alusivos a los diez años del informe de la CVR, he llegado a la conclusión de que la caviarada es en realidad un clan de novelistas dramáticos o charlatanes consumados y expertos vendedores de sebo. Su análisis no se sustenta en la lógica fría y simple, ni en el sentido racional de los hechos sino en la ardiente emocionalidad y en la sensiblería más cándida y barata posible, alimentada de infalibles palabritas dulces convertidas en cliché: justicia, reparación, memoria. Por otro lado, el afán por la celebración es parte del ADN caviar. Su calendario está repleto de fechas símbólicas. Diez años de la CVR obligaban a tirar la casa por la ventana. Era la gran ocasión para mostrar una vez más el "valor histórico" de este "documento fundamental". Soy un mal pensado y no me creo fácilmente ningún cuento. Y menos el supuesto interés de la caviarada por defender la verdad y la justicia. Los superhéroes solo los admito en los cómics. Así que buscaré la verdad yo mismo.

La caviarada pro CVR está enfocada en un solo tema. Este tema puede resumirse con el título "víctimas en busca de justicia", donde la imagen más evocada es la de una anciana andina sosteniendo una foto, la foto de su desaparecido. Para mi el cuento era más bien "Caviares en busca de negocios". La escenografía caviar en la celebración del informe de la CVR no descuidó un solo detalle. El quechua y la música andina fueron elementos obligatorios. Hubo quenas, zampoñas y antaras resonando con tambores en medio del invierno y la garúa limeñas. El espectáculo "artístico cultural" financiado por la MML se completó con una multitud de campesinas especialmente movilizadas desde las alturas de Huanta para darle colorido a la gran ocasión con sus polleras de estreno. Sus renovadas lágrimas dieron el marco especial para que una voz caviar repita frente al micrófono: "mientras no haya reparación no habrá reconciliación". La caviarada nos ha inventado el chistoso concepto de "reparación" como si fuese posible reparar algo después de tanto desastre. La candidez caviar llama "reparación" a actos simbólicos y a efectivo contante y sonante, pero no cualquier monto. Se han indignado por los diez mil soles por cabeza ofrecidos por el gobierno de Alan García. Ellos esperan millones.

La fiesta caviar pro CVR constituyó una auténtica visión idílica. Nunca habíamos visto tanta gente buena reunida por una causa tan noble y -lo que parece más difícil de creer- desinteresadamente. Lo único que me llamaba la atención es que toda esta gente santa reclamaba dinero. ¡Perdón! Reclamaban reparaciones, justicia, sanación y reconciliación. Solo que todo eso se compra con dinero. Y dinero del Estado. Porque da la casualidad (¿casualidad?) de que todas las víctimas buscadas por los equipos de la CVR, y que luego han sido convocadas, organizadas y reunidas por las oenegés son víctimas del Estado. La lista incluye, como ya se ha demostrado en más de una ocasión, terroristas o familiares de terroristas, fiel reflejo de los nombres esparcidos por el "Ojo que llora". Las otras víctimas, las viudas, huérfanos y lisiados por la acción terrorista de dos grupos de izquierda no son del interés de la caviarada. Para ellos esta clase de víctimas no existe, son invisibles, no les motivan ese especial interés humanitario que se despliega ante las víctimas del Estado.

¿Qué motiva hoy a la caviarada? ¿Realmente andan detrás de la verdad, la justicia y la reconciliación nacional? El interés puesto en concluir las recomendaciones de la CVR puede darnos una pista. ¿Qué falta? Aparte de "reparar" a las víctimas hay una tarea fabulosa que las ONGs están desesperadas por iniciar. Se trata de las fosas comunes que el delicado léxico caviar de la CVR define como "Sitios de Entierro". Una vez le escuché decir a un experto en ventas que el arte de vender el producto es más importante que el trabajo puesto en crear el producto. Lo más impresionante que le oí decir fue que muchas veces las cosas se venden solo por la idea que va asociada a ellas. ¿Por qué creen que la venta de agua se ha disparado en la última década? Y concluyó diciendo: "es solo agua". Ahora entiendo por qué el Dr. Pérez Albela se ha hecho millonario vendiendo solo magnesio a punta de floro.

Igualmente la caviarada es experta en el arte de vender sus ideas. Las envuelve con primorosos empaques de dulce sensibilidad pues sabe que a los débiles mentales se les conquista solo por el corazón. El lenguaje caviar no descuida los adjetivos y adverbios para expresar sus ideas. En el informe de la CVR las violaciones de DDHH nunca aparecen dichas así, fríamente. Siempre son "graves violaciones de los derechos humanos". El macabro trabajo de desenterrar cadáveres se muestra como una imprescindible labor humanitaria para dignificar a las víctimas, consolar a sus familiares y darles tranquilidad. La verdad es que cuando leo este informe se me escarapela el cuerpo de tanta insanía y descaro. Disfrazar lo que es un gran negociado de las ONGs como acto humanitario por el bien de las víctimas y de la reconciliación nacional me parece una de las formas más sucias y viles de estafar a los cojudos. ¿Tiene todo esto algún sentido?

La CVR ya ha establecido los objetivos y la metodología de lo que llama "Plan Nacional de Investigaciones Antropológico Forenses". Habla de casi cinco mil fosas identificadas. Hay otros que hablan de 16 mil fosas. ¿Se imaginan cómo les debe estar babeando el hocico a todas estas hienas caviares por empezar a escarbar? Significarían varios cientos de millones de dólares y un negocio garantizado por más de diez años para estas ONGs. Un gran negociado que ellas mismas se aseguraron de introducir en las recomendaciones de la CVR siempre bien camufladas como "acto humanitario". Los gallinazos sin plumas han evolucionado desde que Julio Ramón Ribeyro los describiera finamente en el siglo pasado. Los modernos gallinazos sin plumas son ricos y merodean alrededor de las fosas, buscando hacer negocios a raíz de la tragedia vivida por los peruanos. Están desesperados por firmar contratos con el Estado para empezar a buscar fosas, desenterrar cadáveres, identificar huesos. ¿Y todo para qué? Supuestamente para dignificar a las víctimas. ¿No es dulce?

Eso de identificar a las víctimas y entregarlas a sus familiares suena muy bonito, aunque después de 30 años ya no tiene mucho sentido realmente. No pasa de ser un auténtico cuento caviar y floro de vendedor de sebo. La mayoría de esas fosas tiene más de 25 años y tendrán más cuando sean finalmente halladas y desenterradas, tal vez diez años más. Todo lo que habrá será un montón de huesos desarticulados, desmembrados y entreverados. Si consideramos que cada cuerpo tiene más de 200 huesos, estamos hablando de varios miles de huesos en cada fosa. ¿Alguien cree que es posible identificar cada hueso para saber de quién es? La sola idea se revela estúpida. Pero la irracionalidad no es algo que preocupe a los caviares. Menos cuando hay tantos millones de dólares de por medio. Lo más posible es que luego del negociado, le entreguen a unos familiares de segunda generación, como ya ocurrió, una caja con algunos huesos etiquetados: "Celestino Quispe". Y vaya uno a saber si eso es cierto. Semejante insensatez es vendida por el marketing caviar como "justicia y reparación".

Así que todo este circo caviar en torno al informe de la CVR, con su majadera insistencia en "acatar" sus recomendaciones no pasa de ser un descarado intento de seguir medrado con la tragedia nacional. Para esto las ONGs harán conversatorios, talleres, exposiciones, marchas hasta que el Estado cumpla y contemple en el presupuesto los montos necesarios para las reparaciones y reconciliación. ¿Algún día nos sacaremos de encima a estos modernos gallinazos sin plumas? O seremos tan cojudos de creer en su palabrería.

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